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Pagés frente al edadismo: "Cuando tenga que bajarme del escenario me bajaré"

ECUADOR FLAMENCO | 14 de febrero de 2020

La bailadora y coreógrafa española María Pagés, de 56 años y una de las grandes referentes del flamenco a nivel mundial, fue registrada este jueves, durante una entrevista con Efe, en Quito (Ecuador). EFE/José Jácome

Quito, 13 feb (EFE).- La bailaora y coreógrafa española María Pagés, 56 años y una de las grandes referentes del flamenco a nivel mundial, reflexiona en su recién premiada "Una oda al tiempo" sobre lo efímero y contemporáneo del arte, sin temor al paso de los años.

"Si nos referimos a la intérprete, sé que mi tiempo va a ir cambiando y mi manera de ser una interprete irá cambiando según la edad que cumpla, y cuando tenga que bajarme del escenario me bajaré", expresa en una entrevista con Efe en la víspera de su presentación, el día de los enamorados en el Teatro Sucre de Quito.

Recientemente galardonada en la XX Bienal de Sevilla, que le otorgó un Giraldillo a su oda, este espectáculo cierra en la capital ecuatoriana una minigira que la ha llevado a los escenarios de Bogotá y Medellín, en Colombia, y en la que el flamenco más tradicional dialoga con elementos escénicos modernos en un camino de ida y vuelta entre la ortodoxia y la innovación.

Figura indispensable del baile español más universal, esta sevillana considera que las tablas no son el fin de una trayectoria que emprendió hace cuatro décadas, sino que "hay que ver los diferentes aspectos de una persona: lo más importante es gestionar el tiempo, no luchar contra él porque es una batalla perdida, es saberlo acompañar con la mejor inteligencia y dignidad".

Sus reflexiones se enmarcan en el debate acerca de si existe una edad límite para las artistas, especialmente a la luz de las críticas, aunque también elogios, a la portorriqueña Jennifer López, también en la cincuentena y que protagonizó junto a Shakira el espectáculo del descanso de la final de fútbol americano.

La sevillana confiesa que "María (ella misma) no es solo eso", sino que a lo largo de los años ha evolucionado desde esa bailaora de cuna que no de casta, hasta convertirse en una "mujer creadora, directora, empresaria, emprendedora, comprometida con la vida, las artes y el flamenco".

A lo largo de la entrevista quiere dejar muy claro que es la "portavoz de todo un equipo" en el que su pareja creativa y de vida, el director y dramaturgo de la compañía El Arbi El Harti, desempeña un papel fundamental, así como de su Centro Coreográfico de Fuenlabrada (Madrid), que el próximo marzo cumple un año.

"Solo la edad te da la posibilidad de la experiencia y de poder asumir retos como por ejemplo el centro", analiza la artista, con su negra melena suelta, como su largo vestido y deportivas rojas.

Precisamente, ese espacio donde desarrolla una labor social en el municipio madrileño y forma a una docena de jóvenes bailaores a los que guía en su salto a la profesionalización, fue el germen de su "Oda al Tiempo".

"Nos lo planteamos en un momento único y especial, donde el tiempo ya se presenta en mi vida como algo limitado, ya cumplo 56 años y empiezas a decir... La vida esa de la juventud que te planteas como que no tiene fin, tiene un límite y tienes que ser consciente y saber cómo gestionarlo", comenta.

Y de ahí partió esa alegoría flamenca en la que intervienen 16 artistas, nueve bailaores y siete músicos que dan cuerpo a una obra en al que la estética trasciende la propia escena.

En definitiva, una reflexión sobre la contemporaneidad del flamenco entendido como un arte cuyas raíces beben de la tradición pero que se encuentra y se nutre del continuo cambio, y se fusiona con un concepto del sentido circular de la misma vida.

"Lo contemporáneo es la tradición en movimiento, que no se para y en eso nos basamos. También es como una premonición en los tiempos que vivimos, de crisis en todos los sentidos, pero la esperanza de que seremos capaces de ir cambiando", argumenta.

Premio Nacional de Danza, Medalla de Oro al Mérito de las Bellas Artes y una compañía propia con tres décadas y giras por medio mundo, María se ha erigido en los últimos años como abanderada de "la dignificación del flamenco", algo que, reconoce, le "preocupa mucho".

Por eso, cada vez que tiene ocasión resalta su valor como arte con mayúsculas y considera que la misma "danza es una acto de amor".

Como grandes referentes rescata aquellos que no solo han reivindicado el flamenco con su forma de hacer, sino por su ejemplo de vida, entre los que menciona a su maestro Antonio Gades o al gran Paco de Lucía.

De ellos subraya "esa manera de entender el flamenco como algo hospitalario, como un arte en continua evolución".

Daniela Brik

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