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El desafío de "sambar" con unos kilos de más en el Carnaval de Río

BRASIL CARNAVAL | 20 de febrero de 2020

Las cariñosamente conocidas como "grandonas", siempre han desfilado con las escuelas de samba en el Carnaval de Río, pero por su "volumen" solo eran consideradas para participar en las secciones donde sus cuerpos no eran exhibidos. EFE/Captura de video

Río de Janeiro, 20 feb (EFE).- "Soy Renata da Silva Angelo tengo 35 años y soy sambista de talla grande". Alegre, vistosa y con un amor propio a prueba de todo, así es esta mujer que junto con otras "grandonas" decidieron romper los patrones de belleza del carnaval de Río para bailar sin miedo en la mayor fiesta de Brasil.

Como ella, cientos de mujeres han gritado contra la discriminación y ahora, apoyadas por el colectivo "Plus no samba RJ", se toman la pista del sambódromo de Río de Janeiro para exhibir con brillo y sin tapujos sus kilos de más.

Las cariñosamente conocidas como "grandonas", siempre han desfilado con las escuelas de samba en el Carnaval de Río, pero por su "volumen" solo eran consideradas para participar en las secciones donde sus cuerpos no eran exhibidos.

Ellas desfilaban cubiertas de pies a cabeza, pero nunca como "passistas", es decir, como las icónicas bailarinas de cuerpos perfectos que se roban más de un suspiro con sus diminutos trajes.

"Las gordas siempre estuvimos con ropa grande, caliente y muy pesada, ni siquiera tuvimos la opción de que nuestros disfraces evolucionaran porque las escuelas no piensan en las personas más gorditas y los trajes son cosas enormes, lo que resulta agotador", explicó a EFE, Kennely da Silva, una técnica de enfermería de 46 años que siente que se ha quitado "un peso" de encima con la experiencia de ser passista.

Esta idea la corrobora Renata Da Silva Angelo, una militar de la marina que siempre desfiló con las escuelas de samba pero quien solo pudo hacer realidad su sueño cuando conoció al colectivo.

"Siempre quise ser passista, solo que la passista tiene aquella imagen del cuerpo escultural de la mujer, esa imagen de la seducción, y cuando vi la opción en las redes sociales de ser passista plus size, dije, esa es mi oportunidad", aseguró.

ELEVAR LA AUTOESTIMA, EL PRINCIPAL OBJETIVO

La participación de las "grandonas" mostrando sin miedo sus cuerpos durante los desfiles de carnaval era mínima hasta hace unos años y las que se atrevían a "sambar" con buena parte de sus carnes al aire eran admiradas por otras que no tenían el valor de enfrentarse a un público muchas veces cruel.

Una de ellas fue Nilma Duarte, una modelo "plus size" (de talla grande) que desde 2015 desfilaba como passista en el sambódromo y que al verse admirada por otras mujeres gordas quiso hacer algo para ayudarlas a encontrar el valor con el que ella contaba.

Así nació el colectivo "Plus no Samba RJ", un proyecto que tomó forma en Río de Janeiro en 2017 cuando Duarte fue invitada para crear un sección de mujeres "de talla mayor" en la escuela de samba Lins Imperial.

Hoy en día, más que posicionar a las "grandonas" como passistas en el carnaval, y conseguir que desfilen no con una, sino con varias escuelas de samba, este proyecto busca ayudar a estas mujeres a quererse a sí mismas, a elevar su autoestima y valorarse como son.

"Ellas llegan con traumas en la vida, vienen heridas, sensibles, con falta de amor propio, y falta de amor del prójimo, tanto que cuando usted les extiende la mano, muchas ni creen que se les quiera ayudar. Ellas (...) son como un diamante en bruto que necesita ser pulido", señaló "Titía", como le dicen cariñosamente a Duarte en el colectivo.

En el grupo hay de todo. Mujeres como las trans o las travestis; "grandonas" negras y de escasos recursos, y hasta obesas de la más alta élite brasileña; todas ellas han sido rechazadas por su peso, y muchas también han sentido la discriminación por su género, su color de piel o su nivel educativo.

Muchas han llegado "destrozadas" y con fuertes cuadros depresivos, por eso no es extraño que varias encuentren en el colectivo a una especie de familia incondicional.

"Yo pasé por un proceso personal muy difícil, tuve que reconstruirme, aún lo estoy haciendo, y encontrar este proyecto es algo que no puedo explicar en palabras. Es muy bonito ¡es mágico!", confesó a EFE Manuela da Silva Pedreira, una maquilladora de 37 años que adora sambar.

María Angélica Troncoso

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